martes, 5 de febrero de 2008

Primer embarazo

Cuando empieces a sospechar que estás embarazada, tu cuerpo ya te habrá enviado algunas indicaciones. Normalmente las sospechas se confirman con un test de embarazo comercial o con un análisis de sangre. Ambas pruebas detectan la existencia (o ausencia) de la hormona gonadotrofina coriónica que confirma que la creación del nuevo ser ya ha empezado.

Los primeros signos de embarazo pueden ser:
Fatiga: Los cambios que tu cuerpo está produciendo necesitan mucha energía y no te permiten realizar algunas actividades extenuantes, o simplemente resistir el sueño después de cenar.

Náuseas y vómitos: Lo habitual es que por la mañana no sólo te cueste más levantarte, sino que te marees y no llegues al baño para vomitar. Incluso un vaso de agua puede causar arcadas. Acostumbra a ocurrir al levantarte, pero puede durar todo el día. Se sospecha que forma parte de un sistema de protección del cuerpo de la mujer durante la etapa más delicada de la formación del bebé.

Manchas de sangre: En ocasiones, durante los primeros meses, se continúa con la menstruación aproximadamente en las mismas fechas en las que se tendría el periodo, causando cierta confusión.

Refinamiento del olfato: Otro de los mecanismos de protección del embarazo es el rechazo a ciertos olores como el tabaco, el café o la contaminación.

Picotear: Los antojos no son más que necesidades que tiene el cuerpo de un cierto nutriente que se traducen en cambios en la alimentación. Además, a menudo el malestar general hace que se tome mayor número de comidas con menor cantidad de alimentos.

Cambios en los pechos: La areola empieza a oscurecerse, los pechos crecen y los pezones sobresalen más. Es uno de los primeros síntomas que nota la mujer y que la hacen sospechar de su nuevo estado.

Malestar en la zona de la pelvis: Puede ser que la parte baja del abdomen y de la pelvis se noten distintas, y hasta con un cierto malestar, pero si detectas un dolor agudo, debes acudir al médico.

El estado anímico también puede variar, en parte debido a la acción de las hormonas y en parte por la responsabilidad o la satisfacción de crear una nueva vida.

En el momento en que el nuevo estado ha sido confirmado debes plantearte una serie de cosas para empezar a cambiar tu vida. Las noches de juerga hasta las tantas se han acabado durante una temporada. Míralo como algo positivo, pues estás realizando una tarea sumamente importante y mágica. Tómate las cosas con calma y empieza a cuidarte, pues es la mejor manera de cuidar a tu bebé por nacer. La cooperación con la pareja es fundamental. Ahora comienzan nueve meses donde tu pareja deberá hacerse cargo de algunas tareas de la casa con las que tú no podrás, primero por tu estado, y luego porque el cuidado del bebé no te dejará tiempo. Poco a poco, si antes tu pareja te ayudaba, ahora ambos van a formar un equipo en el que los dos colaborarán. Así, cuando nazca el bebé, él podrá encargarse de las tareas domésticas, mientras tú descansas y cuidas del recién nacido.

La fecha del parto
La fecha posible del parto se calcula añadiendo treinta y ocho semanas a la fecha de concepción o cuarenta a la fecha de la última menstruación. Como es bastante difícil saber cuando se concebió al bebé, la mayoría de médicos toman como referencia esta última fecha. Para no tener que ir contando cada vez en qué semana de embarazo estás, puedes anotar en un calendario el número de semanas hasta la semana 40, y así te evitarás contarlo cuando necesites saberlo. En los casos de embarazo múltiple, éste acostumbra a durar menos, porque no caben los bebés dentro de su mamá. En los demás casos, tanto puede adelantarse como retrasarse, pero no se recomienda un retraso superior a las dos semanas.

Cómo y cuando decirlo
Una vez que estés segura de tu nueva situación, será muy difícil permanecer callada. Si no habéis abierto el sobre del análisis de sangre o hecho la prueba juntos, puedes preparar una cena o un fin de semana romántico; seguro que no lo olvidarán, y más si es el primer hijo. Recuerda tus propios sentimientos cuando lo supiste y piensa que tal vez no se lo espere. Puede que las dudas y temores le asalten de repente, dale tiempo. Decididan conjuntamente cuándo decirlo a los demás y a quién.

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