Uno de los efectos más notables del paso del tiempo es la pérdida paulatina del color natural de nuestra dermis. Con los años, la tez se va tornando cada vez más pálida y los labios pierden su brillo natural. Y para compensarlo no son pocas las mujeres que se aplican sobre el rostro varias capas de maquillaje consiguiendo con ello un efecto contrario al pretendido: cuanto más intenso es el color la piel aparece más desvaída.
Ir maquillada no equivale a ir muy pintada. Por el contrario, las nuevas tendencias abogan por los maquillajes ligeros que unifiquen el tono de la piel y aporten principios hidratantes, protección solar y pigmentos reflectantes que difuminen las arrugas. Los modernos maquillajes, además, no manchan la ropa y son de larga duración, evitándonos así la necesidad de retocarlos con frecuencia.
Maquillarse es, sin duda, un arte. Los maquilladores profesionales conocen innumerables secretos y aglutinan una dilatada experiencia que no está al alcance de todos. Pero los principios básicos de un correcto maquillaje pueden ser seguidos por cualquiera.
Los elementos que se precisan son sencillos de conseguir: una base de maquillaje, un corrector, colorete, lápiz de labios, eyeliner y un buen juego de sombras. Con estos ingredientes estaremos en disposición de proporcionar a nuestra piel una nueva apariencia.
No olvide que para obtener un buen resultado debes seguir antes algunos pasos necesarios. El primero es conocer las características de tu rostro, el segundo usar utensilios y productos adecuados, el tercero dibujar correctamente las cejas y, por último, saber jugar con las luces y las sombras.
PASO A PASO
Antes de maquillarla, la piel debe estar bien limpia e hidratada. Un ligero peeling, un tónico facial que carezca de elementos alcohólicos y una mascarilla o crema hidratante son los preámbulos más recomendables.
A continuación llega el momento de tapar las imperfecciones y ojeras con el corrector para después aplicar la base de maquillaje con una esponja. La falta de sueño o la acumulación de cansancio tornan la piel opaca. Para recuperar su luminosidad nada mejor que elegir una base de maquillaje adecuada para nuestro tipo y tono de piel.
En pieles jóvenes se recomiendan las bases que imiten lo más posible el color natural. En las de mayor edad, la consigna es asimismo bajar uno o dos tonos con respecto a nuestro color natural ya que está comprobado que cuanto más clara sea la base del maquillaje mayor será su capacidad para eliminar imperfecciones y arrugas.
Las nuevas bases que ofrece el mercado tienen además la cualidad de ofrecer una gran cobertura con dosis mínimas gracias a la presencia de microesferas que facilitan el deslizamiento durante la aplicación. Para no excedernos podemos comenzar con ligeros toques del producto sobre la nariz, los pómulos, el mentón y el centro de la frente distribuyéndolo con las yemas de los dedos hasta cubrir toda la superficie.
Tras la base, una discreta capa de polvos transparentes permitirá que el maquillaje se fije y dará al cutis un atractivo tono mate. Por último, el maquillaje debe difuminarse perfectamente en las áreas de la mandíbula y el cuello si queremos evitar ese antiestético efecto de tener la cara demasiado morena y el escote muy blanco o parecer que llevamos una máscara facial.
OJOS, LABIOS Y CEJAS
Las últimas tendencias han vuelto a poner de moda los ojos muy maquillados. Para lograr este efecto se precisa un eyeliner con el que trazar una línea sobre la raíz de las pestañas, pero no por su lado interno ya que eso endurece la mirada y dificulta la función del canal lagrimal sino por su lado externo. Una máscara alargadora que proporcione a las pestañas un aspecto rizado (a menos que sea muy pálida lo más aconsejable es el rímel negro) y una sombra adecuada que combine con el resto del maquillaje o con el atuendo elegido harán que los ojos cobren nueva vida.
Puesto que la actualidad se decanta por los maquillajes casi invisibles, las sombras de ojos deberán ser muy claras, de colores crema, beige o vainilla. Para que resistan el sudor aplíqueles antes un poco de base y evite los colores que acentúen los defectos: las sombras verdes realzan las ojeras, las moradas dan un aspecto triste y las marrones nos hacen parecer cansados. Las brillantes o nacaradas, de moda hace unas décadas, añaden años.
Llegamos ahora a los labios. Primero los perfilaremos con un lapicero del mismo tono del lápiz de labios que vayamos a utilizar. Después aplicaremos el lápiz labial respetando el contorno perfilado y cuidando de no salirnos, eliminando el exceso con papel tisú. Por último, les daremos un toque de brillo incoloro.
Hoy se llevan las cejas ni muy anchas ni muy finas, con forma de ala y no derechas ni gruesas como en el pasado. Si no están correctamente depiladas nuestra mirada parecerá cansada. El mercado ofrece productos en forma de gel que les proporcionan un poco de tono. Para poblarlas de manera natural maquíllalas con sombra en acuarela y un pincel.
Una vez completado el maquillaje, los expertos recomiendan algunos sencillos trucos que potencien sus efectos y garanticen un aspecto radiante; por ejemplo, aplicar unas gotas de crema hidratante sobre la frente y los pómulos o utilizar una loción tónica o, incluso, agua mineral en pequeñas dosis para aumentar el efecto humectante y refrescar el maquillaje a lo largo del día. Y no olvide comprobar el resultado final del maquillaje con luz natural. Maquillarse con luces artificiales puede hacernos perder la perspectiva.
CORRECTORES
Además de las agresiones externas, la edad y la predisposición genética provocan ojeras. Por experiencia, sabemos que intentar taparlas significa en muchas ocasiones empeorar aún más su aspecto. Los productos correctores, como el tapaojeras, deben usarse siempre en pequeñas dosis y con sumo cuidado. Los tiempos en que pretendíamos eliminar las ojeras por completo ya pasaron. Vivimos el retorno de lo natural.
Muchos de los modernos productos que ofrece el mercado no sólo sirven para disimular las ojeras sino también para ocultar zonas oscuras, manchas o imperfecciones del resto de la cara. Los llamados iluminadores son de los más solicitados y, según los casos, pueden utilizarse por encima o por debajo del fondo del maquillaje. Con ellos conseguimos resaltar los rasgos hundidos o disminuir las rojeces ya que contienen pigmentos difusores de la luz que proporcionan a la cara un favorecedor "efecto halo".
Jugar con la luz es una las mejores formas para aminorar las sombras. Los correctores verdosos se recomiendan para tapar zonas rojas y los de color carne para las ojeras. Los de tono rosado serán los más adecuados para tapar las marcas y manchas.
El corrector, además, debe elegirse según el tipo y el tono de piel. En la cara existen algunos puntos oscuros que intensifican el aspecto de cansancio, como las zonas donde se unen los párpados superior e inferior (ángulo externo del ojo) o el ángulo interno que se forma entre los ojos y la nariz. En estos puntos el uso del corrector resulta esencial para proporcionar mayor luminosidad.
Por lo general, el corrector se aplica con las yemas de los dedos o con un pequeño pincel de punta fina y suave, sin olvidar dejar al menos medio centímetro entre las pestañas y el producto ya que un corrector demasiado pegado a las pestañas hace los ojos más pequeños. Para fijarlo podemos aplicar encima un polvo traslúcido especial.
La textura del corrector es también un aspecto a tener en cuenta. Es cierto que cuanto más pastoso sea más cubre pero las personas de piel blanca deberán optar por un corrector más líquido y ligero.
CUIDADO CON EL COLORETE
En los últimos años el colorete ha recuperado el protagonismo perdido. Es quizá el producto que más anima la cara siempre que lo apliquemos con mesura. Para acertar, sitúese en el espejo y sonría. Extiéndalo entonces desde la parte carnosa de las mejillas que aparece más prominente hasta la sien. El trazado debe ser ascendente y no horizontal.
Cuanto más pálido sea el tono de piel más claro deberá ser el colorete elegido. Si no quiere equivocarse siga el sencillo consejo de rehuir los demasiado brillantes, oscuros o pálidos. No olvide tampoco que el tono de colorete no puede ser antagónico al del lápiz de labios.
El colorete de tonos marrones o púrpuras da la sensación de que las mejillas están irritadas y hace retroceder el realce de los pómulos. Por el contrario, los coloretes rosados son los más adecuados para la tez clara; para las pieles mates se aconsejan los cobres y corales. Los de tono naranja se han puesto de moda porque se adaptan a cualquier tonalidad de la piel.
Los estilistas han optado también por los coloretes estilo muñeca antigua, con un toque redondo a la altura de los pómulos, tendencia que exige, una vez más, maquillajes livianos y naturales.
martes, 19 de febrero de 2008
APRENDER A MAQUILLARSE
en 3:04
Etiquetas: Maquillaje
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